Hace 4 años y, otra vez, hace 2, lo advertimos. Nos quedamos cortos y fue peor.

En mayo de 2022 publicamos “México no necesita un nuevo líder sino un nuevo sistema” y, en julio de 2024, “Sí, teníamos razón“. Ya habíamos previsto parte de lo que les ocurriría al sistema político mexicano y a sus instituciones. Lamentablemente, teníamos razón, aunque subestimamos la magnitud de los daños. El primero explica su esencia en su primer párrafo:

“Empecemos por el final: México está en un proceso de destrucción de instituciones para asegurar que quienes están en el poder se queden para siempre; no es, como afirman, el inicio de una nueva era, sino el fin de un sistema político que permitió que el país viviera durante un siglo con una relativa calma, si bien su prosperidad fue muy desigual. Pero el sistema dejó de funcionar. Pasó de ser una clase dirigente que gobernaba para su propio provecho, a una tecnocracia corrupta, a una cleptocracia mediocre (un gobierno cuyos dirigentes corruptos utilizan el poder político para crear y ampliar sus fortunas), a una kakistocracia deshonesta (un sistema de gobierno dirigido por los peores ciudadanos, los menos capacitados, carentes de escrúpulos), encabezada por un líder fanático e ignorante intelectualmente discapacitado.”

Captura de pantalla: en Twitter

En el de julio de 2022, el segundo párrafo detallaba lo que estábamos presenciando dos años después:

“Lejos de marcar el inicio de una nueva era en la historia, la oscura, pretenciosa y pedante denominación llamada “Cuarta Transformación” (4T) no es otra cosa que la destrucción sistemática y rabiosa de las instituciones, sin ningún plan ni modelo, ni siquiera una idea aproximada de lo que hay que hacer para alcanzar los nebulosos objetivos derivados de los lemas de campaña, barnizados con fijaciones ideológicas propias de la adolescencia.”

Imagen: 3DSculptor en iStock

Y continuaba describiendo el panorama que se había anticipado y que ya era la realidad:

“El desmoronamiento de los partidos políticos de la oposición en las pasadas elecciones, confirma lo que alertábamos en 2022:

Los partidos políticos se convirtieron en franquicias controladas por pandillas que se repartían el botín de los cargos públicos en su beneficio…, Esto fue cada vez más público y notorio, degradando la imagen del funcionario público, del político y de su partido ante el electorado.

Captura de pantalla: AFP en reforma.com

Por ello, y ante el creciente descontento por la precaria situación económica y la inseguridad en que vive la mayoría de la población, los ciudadanos los rechazaron en las urnas, eligiendo a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien, aparentemente, representaba todo lo contrario: un hombre astuto que supo hacer creer a la gente que era un demócrata honesto, sin ataduras a quienes controlaban el enorme aparato de corrupción, a quienes denunciaba y atacaba en cada discurso, prometiendo acabar con ellos y con la corrupción, a la que culpaba de la pobreza generalizada en todo el país.

Captura de pantalla: compartida en WhatsApp

El resultado del experimento salió bastante caro. Una vez en el poder, surgió un caudillo megalómano, resentido, ignorante, faccioso y discapacitado intelectual, incapaz de discernir nada que no fuera parte de su evangelio, que arrasó con profesionales en el servicio público y expertos en sus campos, y los sustituyó por leales a su tribu en puestos para los que no están capacitados, salvo por su lealtad al jefe de la pandilla. Así, después de más de tres años, la pobreza y la pobreza extrema se han expandido, la inseguridad es más violenta y se extiende geográficamente por todo el territorio nacional, y el crimen organizado es tolerado y ahora gobierna partes del país. Los antes acusados de corrupción son ahora sus aliados y beneficiarios de sus favores, protección y encubrimiento, y la corrupción rampante está peor que nunca.”

Cartón: Calderón en Reforma.com

Luego, se describe lo que estaba ocurriendo:

Sin embargo, logró imponer a su candidata para sucederle tras fingir unas primarias en su movimiento y también impuso el calendario electoral (ilegalmente), hizo campaña a favor de su candidata desviando una cantidad masiva de fondos públicos para financiar su campaña (ilegalmente), incluso anticipando y duplicando las entregas de “programas sociales” antes de las elecciones y utilizando a los funcionarios públicos encargados de su despliegue para amenazar a los beneficiarios para que votaran por su candidata o, de lo contrario, perderían esos beneficios; impuso a una leal suya al timón del organismo electoral (INE) y a otra en el tribunal electoral (TRIFE).

Foto: en digismak.com

Un par de párrafos después, se vislumbraba un escenario catastrófico para la incipiente democracia mexicana:

“Por si fuera poco, el siguiente paso será arrebatar ilegalmente las diputaciones plurinominales de primera minoría, invocando algunos artículos de leyes secundarias que contradicen lo que la Constitución establece claramente en materia de sobrerrepresentación. Lo necesitan para asegurar una mayoría calificada que les permita hacer cambios a la Constitución para vengarse del Poder Judicial, que ha limitado las constantes y evidentes violaciones del Presidente a las normas constitucionales, y también la eliminación de los organismos autónomos que garantizan el acceso a la información pública, la rendición de cuentas del gobierno y un sano equilibrio en la actividad económica.

Imagen: Lightspring en Shutterstock

Más adelante, después de narrar el intento fallido de extender el término de Arturo Zaldivar como Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se advierte la inminencia del fin del régimen democrático y el advenimiento del autoritarismo:

“En otras palabras, se está gestando un golpe de Estado que destruye al Poder Judicial y lo sustituye por un sistema que permite a Morena y al crimen organizado nombrar jueces, magistrados y ministros de la Suprema Corte que respondan a sus intereses. El Estado de Derecho en el México actual es precario, no exento de corrupción o nepotismo y, hasta cierto punto, influenciable por el Ejecutivo. Aun así, el Poder Judicial ha avanzado dramáticamente en su profesionalización desde sus reformas de 1996 y 2021. Pero si López Obrador tiene éxito en su Golpe, no habrá un Poder Judicial independiente, y dada la manipulación de la ley para ganar el control del Congreso, los controles y equilibrios requeridos en cualquier democracia estarán ausentes, y México se convertirá en una tiranía autocrática disfrazada de democracia.”

Imagen: Sefa Özell en iStock

Termina afirmando que:

“En efecto, estábamos en lo cierto cuando publicamos ese artículo; terminaba así:

“Sí, México necesita urgentemente un nuevo sistema.

Para defender los derechos de los ciudadanos a ser gobernados por los mejores y más capacitados para hacerlo.
Para salvar al país del atraso y la inminente quiebra económica.
Para tener un congreso que sea respetado como lo que debe ser: un poder más de la unión.
Para evitar cambios a la Constitución encaminados a mantener indefinidamente en el poder a un grupo de incapaces y rapaces que se sienten iluminados y que están por encima de la ley y las instituciones.
Para evitar que el crimen organizado, tanto el de cuello blanco como el de ametralladora, siga mandando sobre quienes deberían combatirlo.
Para evitar que, por la torpeza en la gestión de gobierno y la tibieza en el uso de la fuerza pública para imponer el orden y hacer respetar la ley, nuestro vecino se vea obligado a intervenir para hacer lo que el nuestro no quiso o no pudo hacer, poniendo en riesgo y causando daños en su territorio, con el argumento éticamente válido de salvaguardar vidas y propiedades de sus ciudadanos.
Para no permitir que nuestra incipiente democracia se transforme en una tiranía encabezada por un hombre con discapacidad intelectual.
Para evitar que a la mayoría se le oculte la realidad con una narrativa triunfalista que, a la postre, se convierta en tragedia.”

Foto: FRH compartida por WhatsApp

Y aquí estamos, sin un proyecto nacional, sin un poder judicial independiente, con instituciones electorales colonizadas, con funcionarios públicos imputados y protegidos por el Estado, con sistemas educativos y sanitarios degradados, un gasto público financiado cada vez más con deuda, una relación conflictiva con nuestro vecino y principal socio comercial, soñando con la llegada de capitales mientras se hace todo lo posible para evitar resultar atractivos para la inversión extranjera, un gobierno que finge gobernar a través de ruedas de prensa matutinas limitadas a periodistas afines de medios falsos, donde la palabra más popular es «soberanía», aunque su significado se manipule según la ocasión, y el crimen organizado controlando una parte considerable del territorio, al borde de una tragedia que podría haberse evitado.

Foto: Andrey Kuzmin en Shutterstock

SEPGRA Political Analysis Group.

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